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En mi blog hablo mucho de los cambios económicos, políticos y sociales que se tendrán que dar para adaptarnos a la revolución tecnológica que estamos viviendo.

A veces eso no es evidente para el lector, así que he decidido traer uno de los muchos ejemplos que nos puede mostrar la historia; en otras entregas he hablado un poco de la revolución industrial; ahora podemos irnos a otra época.

Si nos transportamos a Occidente durante el oscurantismo medieval en los años 1000 a 1500 aproximadamente, podemos ver según el historiador italiano que llegó a ser catedrático en Berkeley, Carlo M. Cipolla, a una población pobre, sucia, violenta, supersticiosa e ignorante, con una alta tasa de fertilidad y una igualmente alta tasa de mortalidad.

El ambiente oscuro con viviendas burdas y prácticamente sin muebles, y construcciones de piedra iluminadas por teas que vemos en las películas como “Corazón valiente” o “El nombre de la rosa” era la constante en esa época dominada por la superchería y el modelo del hombre asceta.

La actividad económica había retrocedido a niveles muy bajos y a formas muy primitivas de autoabastecimiento. El mercado prácticamente no existía. La ciudad era solamente la ciudad y el campo que la rodeaba. Era prácticamente el único sitio en donde se acumulaban riquezas en forma de tesoros, edificios y adornos. El resto era lo no cultivado o salvaje, es decir el bosque.

Las ciudades eran los únicos lugares que ofrecían botines a la codicia de la naciente clase caballerezca. En La Canción de Rolando se expresan crudamente los deseos feudales:

“La riqueza de España es por Carlo Magno devorada

Los castillos conquistados y la ciudad desflorada”

Los pocos comerciantes eran personas de carácter recio que se aventuraban en bosques como el de Robin Hood exponiéndose a ladrones, lobos y otros peligros, desarraigados y mirados con suspicacia por los demás, pues según Cipolla podían ser espías o ladrones, traficaban, cometían usura y quién sabe cuántas otras actividades pecaminosas. No había división y especialización del trabajo. Los artesanos y siervos apenas sobrevivían sin posibilidad de acumular riqueza o conocimiento. Había muy pocas herramientas, todas rudimentarias y que básicamente funcionaban por tracción animal o humana. Ya se utilizaba la energía eólica en ciertas máquinas como los molinos y los botes de vela; sin embargo la unidad básica de la economía agraria era la familia y sus animales de tiro.

La educación estaba controlada por la iglesia, la cual tenía además un monopolio sobre la difusión de los libros, ya que la mayoría eran transcritos a mano en  monasterios por los monjes escribanos.

De pronto, dentro de este contexto oscuro y sombrío ocurre un milagro que desde el punto de vista de algunos trae algo de luz al mundo: En 1440 Johannes Gutenberg inventa la imprenta.

Después del progreso técnico casi nulo y de la poca difusión del conocimiento que ocurrió durante los cinco siglos anteriores, de repente comenzó a difundirse la información de una manera tan vertiginosa, que los mismos talleres de Maguncia no pudieron mantener su monopolio inicial y en poco tiempo el arte de la imprenta estaba por toda Europa. Alrededor de 1500 cuando doce países conocían ya el secreto, habían sido impresas 40.000 ediciones de libros, (20 millones de ejemplares, más de dos tercios de ellos en alemánia e italia); antes de mediados del siglo XVI ese arte se había extendido a américa, y según María del Mar Fernández Vega, PhD de Berkeley, a finales del siglo XVI habían sido impresos más de 200 millones de ejemplares.

Según Cipolla, entre la época de Gutenberg y principios del siglo XVIII la productividad se multiplicó por tres o cuatro. Cipolla cita a Ricobaldi, el cronista de ferrara quien refiere que los primeros impresores podían sacar 300 páginas diarias. A finales del siglo XVI en el trabajo a gran escala y de calidad, esa cifra había aumentado hasta más de un millar, con diagramas, planos, mapas y música.

Gracias a la difusión del conocimiento se comenzó por primera vez a cuestionar la infalibilidad de la iglesia. Se retomaron los clásicos grecolatinos. Los escritores, gracias a que la literatura salió del monopolio de las manos de la iglesia pudieron difundir ideas revolucionarias. Las ideas de la reforma se difundieron usando esta nueva tecnología. Las ideas renacentistas, rápidamente se esparcieron desde Florencia hacia toda Europa. La gente se sentía libre de pensar lo que quisiera. En muchas partes se hablaba sobre los artistas que comenzaron a pintar desnudos. Se comenzó a escuchar en puntos muy distantes y por métodos diferentes a los cantos de los juglares, sobre Ariosto, Maquiavelo, Donatello, Da Vinci, Rafael, Miguel Angel, Rabelais, Montaigne, Garcilaso de la Vega y Gutierre de Cetina.

Según Cipolla la consecuencia más importante del descubrimiento de la imprenta fue la difusión de la información técnica a través de los libros. Al difundirse el arte de la imprenta los conocimientos técnicos podían extenderse más rápida y ampliamente.

El consumo de conocimiento aumentó tanto, que influyó en la producción misma del papel. Su mercado creció considerablemente, como lo muestra el creciente número de molinos de papel. Alrededor de 1670 se introdujo el “holandés” que producía en un día más que lo que antes se producía en ocho semanas.

Algunas publicaciones que difundieron conocimientos técnicos en la época fueron:

Das Mittelalterliche Hausbuch (Hornos importantes en la metalurgia) 1480

Mendelsche Zwölfbrüdestiftung (muestra la ilustración de un tornillo) 1528

El caudal de ideas de Leonardo Da Vinci no se difundió en esa época porque quedó sin imprimir

Berbügchlein (manuales prácticos sobre minería y trabajo de los metales preciosos)

Pirotechnia (metalurgia) 1540

Alchemia (Primer manual de química) 1597

Magiae Naturalis (Ciencias Técnicas y naturales) 1558

Estos aumentos en la producción, consecuencia de la difusión del conocimiento técnico, unidos a la ruptura con los paradigmas que gobernaron al mundo durante tanto tiempo y a los descubrimientos geográficos, trajeron como consecuencia un cambio en el estilo de vida, las relaciones sociales, las relaciones de producción y en los hábitos de consumo de la humanidad que dio origen al capitalismo.

Bajo este esquema económico el centro de poder no es la tierra sino el capital en general, que es todo lo que puede generar un ingreso, como la maquinaria o el mismo dinero.

Según Ernesto Screpanti, profesor de economía política de la Universidad de Siena, desde la segunda mitad del siglo XV ocurrió un lento pero inexorable proceso de transformación económico social y político cultural que duraría hasta después de mediados del siglo XVIII cuando ya se habrían dado todas las condiciones previas al nacimiento del moderno capitalismo industrial.

Entre 1500 y 1650 los precios se triplicaron en Europa. Las consecuencias sociales fueron enormes. Se produjo un empobrecimiento relativo de la aristocracia y el clero, y un enriquecimiento de la burguesía mercantil que vivía de (profits upon allienation) es decir de rentas derivadas de la diferencia entre los precios de venta y los precios de compra de las mercancías. Un tipo de beneficio que aumenta de manera natural con la inflación. Además, estos mercaderes se dieron cuenta que el negocio no estaba solamente en llevar mercancías de un lugar a otro sino también, gracias a los adelantos técnicos, se podía intentar producir eficientemente. Apareció la nueva figura del mercader manufacturero que provocó cambios profundos en la actividad productiva:

A finales del siglo XVI el modelo artesanal de producción en el que el artesano tiene la propiedad de los instrumentos de trabajo y el taller, y trabaja como un pequeño empresario independiente empezó a ser reemplazado en el sector de la exportación por el sistema de trabajo a domicilio, es decir el trabajador que se desplaza al lugar de trabajo. La propiedad de los instrumentos de producción y a menudo del taller pasó al comerciante que ahora estaba en condiciones de contratar trabajadores propios. El trabajador ya no vendía un producto terminado al comerciante sino su propia capacidad de trabajo. La industria textil fue uno de los primeros sectores en los que se consolidó el nuevo modo de producción.

Con la visión más amplia del mundo, se logró la unificación de los pequeños territorios autosuficientes de antes y entonces se pudo hablar de la noción de nación que trajo como consecuencia un mercado mucho más grande y la posibilidad de una mayor división y especialización del trabajo.

Gracias a la difusión del conocimiento y el libre pensamiento, aparece en la humanidad una tendencia a cuestionar las verdades “evidentes” de antaño lo cual le abre el camino al conocimiento científico que vendría más tarde a cambiar radicalmente la producción.

Aparecieron El Príncipe de Maquiavelo en 1516 (fundamento espiritual del acto libre); la Protesta de Lutero contra la venta de indulgencias (1517); la noción del Hombre, centro del universo y su espíritu emancipado del peso de la tradición; el renacimiento de las universidades; la tendencia del estado a sustituir a la iglesia en el control intelectual; renació la filosofía y con ella la ciencia (los mayores filósofos de la época fueron también grandes científicos o por lo menos tenían un gran interés por el desarrollo de la investigación científica).

En la primera mitad del siglo XVI aparece Copérnico, le siguen Kepler, Galileo, Bacon, Leibniz, Descartes, y  Newton, personajes que modificaron la forma de pensar y de ver el mundo y que precedieron la era del capitalismo industrial.

La iglesia veía impotente, como lentamente se le iba de las manos el monopolio que había tenido sobre el conocimiento durante toda la Edad Media. No importaban los grandes esfuerzos que hizo por contener la avalancha de información que se difundía, quemando libros y herejes. Nunca entendió que las reglas del mundo habían cambiado y que ya no se podía funcionar bajo las reglas del pasado.

Actualmente sucede algo similar aunque acelerado decenas de veces por los torrentes de información que se difunden a través de la Internet.

En un futuro toda la información será pública, sin importar cuánto pidamos los autores, cantantes y las empresas de software que se respeten nuestros derechos de autor; sin importar cuánto traten Apple y Samsung de demandarse y desacreditarse mutuamente por robo de patentes; sin importar que el FBI cierre Megaupload y mande a encarcelar a sus fundadores; sin importar que gobiernos poderosos traten de asfixiar a Wikileaks o a Julian Assange; sin importar que el Departamento de Justicia de Estados Unidos persiga a Snowden por todo el mundo; sin importar que se demande o persiga a quienes publican fotos y videos privados de las celebridades… seguirán difundiéndose cada vez más los libros, canciones, películas, periódicos, revistas y software gratuitamente por la red; seguirán difundiéndose cada vez más las imitaciones de marcas y patentes; seguirán apareciendo más y más sitios en internet en donde se puedan descargar gratuitamente libros, películas y canciones; seguirán difundiéndose los abusos de los gobiernos a través de WikiLeaks, otros sitios similares, o las redes sociales en donde cualquiera puede publicar un video denunciando injusticias, excesos policiales, maltrato a menores de edad, crímenes ambientales o torturas a animales; y seguirán haciéndose cada vez más públicos los secretos de estado, de las empresas, de las celebridades, e inclusive de las personas del montón.

Tendremos que aprender a vivir en un nuevo mundo en el que la información será gratuita y disponible para todos; en el que los creadores no recibirán ingresos por sus creaciones, sino por las maneras creativas como aprovechen la difusión y penetración de sus invenciones; en el que los gobernantes, gerentes, servidores públicos, militares y celebridades deban actuar correctamente (inclusive cuando creen que nadie los ve), o rendir cuentas a la opinión pública.

Perseguir a quienes difunden la información y cerrar portales es el equivalente a los esfuerzos infructuosos de quema de libros y herejes que hacía la iglesia para detener la avalancha de información y los cambios sociales, políticos y culturales que la terminaron sacando de la situación protagónica que tenía en la edad media.

 

Si quieres saber más sobre las empresas que están cambiando al mundo usando los últimos adelantos técnicos y conceptos administrativos, no dejes de visitar este Blog cada 15 días.

 

Ramiro Calderón

Consultor Empresarial

http://ramirocalderon.net

Sígueme en Twitter: @Ramiro_Calderon

 

Artículos y presentaciones anteriores del Blog Economía y Negocios en el Nuevo Milenio:

·         ¿Cuál es el principal activo en el Siglo XXI?

·         ¿Quién es el culpable del desempleo?

·         Cuando no vender a Facebook parecía un mal negocio


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Consultor en Comunicaciones, Productividad y Cambio Estratégico Organizacional, con clientes entre los principales exportadores e importadores de Colombia, Ecuador y Perú. Autor de varios libros de Economía y Negocios, Columnista, Conferencista, Catedrático Universitario. Ha sido ganador de importantes premios académicos tanto a nivel nacional, como internacional. Líder en el logro de grandes transformaciones organizacionales. Uno de sus secretos para que estas transformaciones se den de la manera menos traumática posible, es que nazcan de un consenso entre empresa y trabajadores. Para esto es indispensable una buena estrategia de comunicación interna.

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