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CrVasquez

Crisis, subsidios, PIC, Gobierno, rentabilidad y productividad, entre otras, son seis palabras que dominan quienes están en el mundo del café colombiano, pues llevan más de una década en el vocabulario de todos, desde el pequeño productor que tiene algo más de una cuadra de cultivo, los extensionistas, la prensa y hasta quienes han ocupado la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros.

Hoy, ya casi al cierre de febrero, la situación sigue crítica, pues el precio mundial del grano colombiano que cotiza en la Bolsa de Nueva York está en un dólar la libra. Sí, paradójico que el ‘café más suave del mundo’ cotice muy cerca de los cafés más ‘corrientes’, como los del tipo robusta. Un precio así no se reportaba desde en 2004.

En Washington, un capuchino cuesta US$3,95 (foto), mientras que en Colombia al cafetero recibe hoy 700.000 pesos por su carga de 125 kilos; suponiendo que por cada libra pueden prepararse 70 tazas de café, todo ese diferencial de precios no se queda en Colombia; se queda en los bolsillos de los últimos eslabones de la cadena: los tostadores y el comercio al detal.

Para Roberto Vélez, gerente de la Federación, no todo el grueso del café que exporta Colombia se rige por ese precio, pues el grano recibe primas (sobreprecios) de entre 20 y 25 centavos de dólar por libra o más, en la medida en que sean ‘especiales’ y los respalde programas o certificaciones (como Nespresso o Rainforest Alliance, respectivamente).

La crisis, pero también cómo enfrentarla, fueron los temas tratados durante una entrevista con Roberto Vélez (foto), quien tuvo la deferencia de atender a este blog, justo cuando el país cafetero le pregunta: ¿Qué vamos a hacer?

Roberto Velez
Pregunta:
Revisando los ‘fundamentales’ del mercado, nos encontramos con una mayor producción para presente el año cafetero (por segundo consecutivo) y precios deprimidos, mientras que los cultivadores están perdiendo 50.000 pesos al vender su carga. Al parecer, lo único que los salva es la devaluación, que ha morigerado una mayor caída en el precio interno. ¿Cómo ve esta situación?

Respuesta:
Hay varias reflexiones que salen de aquí. Uno, que efectivamente el mercado estuvo sobreofertado el año pasado con una producción de Brasil gigantesca (un país que produce entre 60 a 65 millones de sacos) y un Vietnam que tuvo una cosecha casi récord, de 30 millones de sacos.

Para este año, veo que Brasil va a tener una menor cosecha (merma de entre 5 a 10 millones de sacos), algo ‘impajaritable’, por la bienalidad de la caficultura arábiga de ese país; a esto se suman los casos de Vietnam y Centroamérica, que no están bien. De pronto, no vamos a tener tanto café como se creería.

Dos. Cualquier cambio en la forma en que los fondos de inversión vean la producción cafetera, puede llevar a una reacción de los precios del grano (al alza). No veo tampoco un precio de café de 1,50 ó 1,70 dólares por libra en la Bolsa; más bien, podría situarse entre los 1,20 ó 1,25 dólares.

Lo que hemos visto también durante estos años es una firmeza del diferencial del café colombiano. Eso es bueno contarlo porque la gente cree que si en la bolsa está en 1,05 dólares por libra nosotros estamos vendiendo todo a ese precio. La respuesta es ¡No!

El café colombiano, hoy, por encima de ese precio de bolsa, tiene casi 20 centavos de dólar de más por concepto de prima y esta es la que ha compensado la caída del precio.

P:/ ¿La prima se paga a todos los cafés?

R:/ Es para los más baratos, mientras que la prima para los cafés buenos es mucho más. Nuestras estadísticas indican que, por lo menos, la mitad de las exportaciones de la Federación se va con otros sobreprecios, de 20 ó 30 centavos de dólar más, bien porque tienen una certificación de RainForest o de UTZ, porque sean cafés orgánicos o porque hagan parte de los programas de Nesspresso o Starbucks.

Entonces, en teoría, sí se ve un panorama negro. Hay cierta parte del café que tiene esos problemas, pues la caficultura tiene altos costos (de producción) y con estos niveles de precio la remuneración no está aquí; eso es lo que preocupa. ¿Qué vamos a hacer? ¿Cuál va a ser la respuesta ante estos temas?

Por otro lado, hemos venido trabajando en la disminución de esos costos. La vía de rentabilidad tiene esas dos: el ingreso y los costos. El ingreso es el precio de la bolsa que no manejamos nosotros. ¿Que si se puede manejar? Sí, buscando cada vez más nichos de cafés especiales que pagan estas ‘sobre-primas’ para vender el café a 1,50, o a 1,60 dólares por libra.

El año pasado el precio promedio (por carga de café) publicado en la Federación estuvo como en 750.000 pesos y el pagado por todas estas primas fue del orden de 800.000 pesos, es decir, 50 mil pesos más.

Así, Colombia tiene que seguir trabajando y explorando estas oportunidades, pues el país se volvió en el gran surtidor de cafés especiales para el mundo.

P:/ ¿Si dice que (más o menos) el 50 por ciento de las exportaciones de la Federación son cafés especiales, y ahí está el nicho, el precio y el negocio, ¿tiene un plan para que más cultivadores produzcan ese tipo de cafés?

Roberto Velez_02

R:/ Yo no sé a cuánto se podrá llegar. Pero, por ejemplo, Starbucks era una empresa que en la década de los años ochenta demandaba 40.000 sacos (en su mayoría de Centroamérica) y hoy son 4,5 millones. Hoy, el 20 por ciento de ese total lo suministra Colombia.

Así las cosas, al ritmo que esas empresas y el mercado de los cafés especiales siga creciendo, cada vez habrá más espacio para los cafés de Colombia.

P: / ¿La respuesta está en el crecimiento del consumo?

R: / En eso vamos a trabajar, en el consumo interno. No he visto nada más decepcionante que el esfuerzo que ha hecho la Federación para que el consumo mejore. Desde que entré a esta institución en 1987 se han hecho todo tipo de esfuerzos e iniciativas y casi no despega.

Tengo mi propia teoría: no había diversidad de cafés para ofrecer al consumidor y el ingreso per cápita era muy bajo; hoy esto ya ha cambiado se ve el incremento de las cafeterías en Colombia.

Hace 25 años cuando a uno le decían “Vamos a tomarnos un buen café” lo único que había era el Oma de la 83 con 15, donde le daban a uno un expreso, nada más. Hoy, salimos y a la vuelta de la esquina hay una cafetería. Me decían que Tostao era la competencia con Juan Valdez; pero no, lo que digo es, qué alegría tener compañeros que nos acompañen en este esquema de aumentar el consumo del café en Colombia.

Mire esto tan curioso: hoy el precio interno son 750.000 por carga de 125 kilos. Si un cafetero coge y hace una libra de café, la tuesta, la muele y la vende, no a los 20.000 pesos que vale una libra en Juan Valdez, sino a 12.000 pesos; ¿Sabe qué equivalente le da? como si estuviera vendiendo la carga de café a tres millones de pesos.

Entonces esto es parte de la respuesta. Aquí se está dando, y así la llamo yo, la revolución silenciosa del consumo de café de calidad.

No hay un sitio, no hay una vereda donde no haya escuchado a la gente decirme: “Mire gerente, aquí estoy tostando este cafecito. Tengo una asociación y esta es la marca que tenemos”. Esos cafés son de estupenda calidad y eso es lo que se está vendiendo en Colombia.

Por otra parte, el Sena ha formado a más de 5.000 baristas. No sólo es tener la materia prima, es prepararlo bien; aquí está el caldo de cultivo, está todo el tinglado listo para tener un incremento importante en el consumo.

P:/ ¿Quiénes son los enemigos de ese consumo?

R:/ Los cafés de mala calidad.

Roberto Velez_03

P:/ ¿Otros más?

R:/ No hay un médico que lo primero que le prohíba sean las bebidas oscuras. En café hemos venido ganando la argumentación, porque ya ESTÁ probado que no tiene efectos negativos sobre el cuerpo humano, sino todo lo contrario.

El año pasado tuvimos algo muy interesante en el mundo del café: la segunda cadena de cafeterías del mundo, Costa, fue adquirida por Coca Cola. Entonces, ¿por qué ese monstruo internacional se mete en el café? Porque el consumo de Coca Cola ha empezado a decaer por el tema del azúcar y porque ven que el consumo de café va para arriba y esta va a ser la bebida del futuro.

Hay un trabajo por hacer con la comunidad médica, pero poco a poco se ha venido ganando esa batalla. Lo que pasa es que aquí en Colombia el consumo de café de calidad es todavía muy insípido. Yo por eso veo con gran esperanza lo que está pasando.

P:/ ¿Qué más por hacer?

R:/ Desde el punto de vista legal estamos buscando que se oficialice el café como la bebida nacional; por otra parte, que, dentro del programa de compras públicas, se compre el café a los productores o a sus asociaciones.

Por otra parte, me reuní con los representantes de Amazon y acordamos un trabajo conjunto para que a esa plataforma de comercio electrónico ofrezca los cafés que hay por toda Colombia, obviamente, regidos por estándares de calidad. No podemos quedarnos quietos.

P: / El asunto, entonces, es consumo, porque hemos crecido en productividad.

R: / Claro, de 10,79 sacos en el año 2011 a 19 sacos al cierre del 2018, mientras que la meta es llegar a 22 sacos.

P: ¿Cómo lograr esos 22 sacos?

R: / Aumentando las densidades. Hoy están del orden de 5.150 palos por hectárea, eso lo podemos llevar a 6.000 muy fácilmente; cualquier incremento que se haga tiene un efecto sobre la productividad.

Tenemos variedades como la nueva Cenicafé 1, proyectada a imagen y semejanza de la caturra.

Una de las cosas que nos pasó con la variedad Colombia y con todo lo que vino después es que el árbol es un poco más frondoso; lo que hicimos ahora fue coger todo el material genético que teníamos y sacar una variedad con un árbol más parecido arquitectónicamente a la caturra, de manera que puedan caber 10.000 palos por hectárea.

P: / ¿Cómo está la caficultura?

R: / Joven. De 30 a 80 por ciento sembrada con variedades resistentes. Hemos dado un salto a pesar de todas estas vicisitudes, a pesar de todos los problemas, a pesar del precio.

P: / ¿Quiénes son los enemigos de la Federación? 

R: / Primero, un grupo de personas que se acostumbró a un muy buen vivir en la época de los encuentros internacionales y de los grandes precios y que hoy no ven en el café la misma respuesta.

No los culpo, pero con razón de alguna manera dicen, “es que mire, el café no es negocio y eso es culpa de la federación: es que ustedes no han hecho…”.

Y yo creo que hemos hecho; con todo esto que le estoy contando estoy demostrando que sí hemos hecho trabajo. La institucionalidad ha venido mutando y ha venido empujando la caficultura hacia nuevos perfiles.

El tema de la recolección mecanizada o asistida es un tema hermoso, una respuesta que nunca había dado la institución: “mire, aquí tiene una herramienta que ayuda a reducir el costo en un 30 o 40 por ciento. Entonces usted sí tiene una Federación que está entregada a buscarle soluciones a la caficultura.

A veces, de manera un poco desmedida, se juzga la labor de la Federación por el precio internacional. No, no, no, si el precio está en 3 dólares, entonces estamos haciendo el trabajo muy bien, pero si está en un dólar, la Federación no está haciendo el trabajo.

P: / Devolvámonos un momento a la renovación de cafetales, ¿cuál es la meta para este año? ¿100.000 hectáreas?

R: / Esa es una meta, digamos, muy bonita, pero es un poquito ideal. Hoy estamos en 880.000 hectáreas sembradas en todo el país; un 10 por ciento es buen indicador para este año.

P: / ¿Así sigue disminuyendo la edad de cafetales?

R: / La idea es llegar algo que esté entre 5 y medio y 6 años. Poco a poco hemos venido logrando un parque cafetero joven, a pesar de que nos hemos encogido en el área, se han mantenido niveles de producción de 14 millones de sacos.

Si el año pasado no llegamos a ese potencial fue porque tuvimos problemas de clima. Hoy, con la manera como se ha portado el clima yo diría que tenemos que regresar a los 14 millones de sacos; las floraciones que estamos viendo son espectaculares.

Ahora el problema es si tenemos plata con qué fertilizar. Hablé con los ministros de Hacienda y Agricultura y les dije: “este es el momento de apoyar a los cafeteros en fertilizantes”. Lo vamos a hacer con un programa de renovación.

P: / Supongo que la respuesta será positiva en la medida que el Mingricultura es ‘de la casa’.

R: / Tenemos ministro y viceministro ‘de la casa’. Pero más que ‘de la casa’ valoro lo que ha hecho el ministro (refiriéndose a Andrés Valencia) porque tiene conocimiento de todo lo que está pasando en el sector agropecuario. Después de ser un dirigente gremial, tiene clarísimo que es lo que está pasando y cuáles son los puntos en donde tiene que apretar y en cuales aflojar.

P: / ¿Un mensaje puntual para los cafeteros podría ser: certifíquese y maneje las líneas de cafés especiales?

R: Eso es lo que nos podrá sacar de los problemas. Tenemos que seguir haciendo un esfuerzo; como institución, seguir buscando mercados y encontrar espacios para los cafés, bien sea tostado, bien sea con microlotes o lo que sea.

P: / ¿A cuántos países llega el café colombiano?

R: / Estamos en ciento ‘y pico’ de países.

P: / ¿Cuál es el destino más exótico a donde ha llevado usted el café colombiano?

R: / Qué tal Emiratos Árabes… Yo he visto café colombiano en todas partes del planeta. ¿Qué tal en Uzbequistan?

P: / ¿Toda una marca de 50 años?

R: / Más. Juan Valdez y yo somos de la misma edad y ya vamos a cumplir 60 años. ¿Y sabe qué creo?, estaré aquí hasta que vea con satisfacción que lo que empecé en el año 2015 es realidad: devolverle la rentabilidad a la caficultura colombiana; por el momento, nos toca seguir trabajando.

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Agradecimiento a Cielo Villamil #escueladeletras (en Facebook) por la corrección del texto.

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PERFIL
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Juan Carlos Domínguez es periodista (Inpahu) y comunicador social (Universidad de Los Libertadores). A su haber tiene dos libros publicados sobre administración agraria y biotecnología agrícola; además, el premio de periodismo Agrobio por sus trabajos en biotecnología agrícola y 21 años de experiencia como periodista encargado de la información agropecuaria de los diarios EL TIEMPO y Portafolio. Desde el primero de mayo del 2018, CEO de Página 1 Comunicación Colombia.

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