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Por: Diego Camilo Triana

Internacionalista y politólogo

 

En una era donde la humanidad vive en una era caracterizada por la velocidad, la productividad y la conectividad constante, en donde también se expone una creciente epidemia del agotamiento físico, y mental que afecta a millones de personas en todo el mundo.  En estos tiempos donde el hombre es esclavizado por el hombre, toma relevancia la frase acuñada por el filósofo Byung-Chul Han, quien en su libro la ‘sociedad del cansancio’ analiza como el hombre sobre todo en las culturas occidentales ha evolucionado hacia una cultura caracterizada por el agotamiento y la fatiga.

El afán por el culto al rendimiento, ha ido dejando estelas en la sociedad occidental que a toda costa busca alcanzar la formula entre ser productivo, exitoso, y positivo.    Sin embargo, en ese camino, los seres humanos han entrado en una onda de depresión, agotamiento, frustración en donde su luz interior se ha venido apagando.

Es tal la cultura del rendimiento que el ser humano, que nos estamos agotando nosotros mismos.  La idea de la cultura del rendimiento se ha trasladado en todos los ambientes sociales, en el ámbito laboral, donde la exigencia de algunos directivos está incidiendo en la productividad y causando estragos en la salud mental.

En esta sociedad del cansancio, el ser humano sigue yendo hacia la orilla de una constante autoexplotación, competencia y desvalorización del ser humano en sí mismo.  Como lo explica, Han en su libro las relaciones humanas se han visto afectadas, dado que ya no se privilegia el compartir con el otro, al verlo como igual, puesto que prima el interés personal y la competencia en los ambientes laborales.

La hiperconectividad a través de la tecnología y las redes sociales ha hecho que hoy en el planeta exista un síndrome social de soledad, dado que muchas personas experimentan conexiones superficiales en lugar de relaciones significativas. Las redes sociales y la comunicación en línea pueden crear una ilusión de conexión, pero a menudo carecen de profundidad y autenticidad. Así mismo las personas se aíslan en sus esfuerzos individuales por ser exitosas y productivas.

En contraposición a la sociedad de represión descrita por pensadores como Sigmund Freud, el filósofo asiático, Byung, argumenta que en la sociedad del cansancio, la positividad y la negación son más problemáticas. Las personas se sienten obligadas a ser positivas todo el tiempo, lo que puede llevar a la represión de las emociones y la falta de capacidad para lidiar con la negatividad.

De otro lado, también en esa inercia de la cultura del rendimiento se vive en la sociedad mayores síntomas de una salud mental agotada, donde el exceso de positivismo y de agotamiento físico, alertan al mundo sobre un creciente impacto en los jóvenes y adultos de depresión y la ansiedad.

Así las cosas, la combinación de tecnología y aceleración, dado que la tecnología, en lugar de aliviar la carga del trabajo, a menudo contribuye a la aceleración y la presión constante. La conectividad digital puede hacer que las personas estén siempre disponibles y trabajando.

Desde la perspectiva social de los derechos humanos, la cultura del rendimiento, sigue poniendo de manifiesto que en la vertiginosa carrera por ganar por ser competitivo y exitoso la humanidad ha perdido la sensibilidad social.  En orden de ideas entra en discusión de los grandes líderes de la humanidad, hasta donde la cultura del rendimiento, deja atrás la búsqueda del equilibrio entre la productividad y el respeto por los derechos humanos y la calidad de vida en el siglo XXI.

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