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Más de un tercio de la población ‘embotella sus emociones’, en otras palabras, las oculta, o ignora  por temor a no mostrar esa parte más frágil o vulnerable que tenemos también como seres humanos. Es decir te sientas encima de tus propias emociones.   Quizás por la misma educación, crianza y condicionamientos sociales, donde desde niños, creencias como los hombres no lloran, hay que ser fuertes y no demostrar que te duele, han quedado impresas en nuestro subconsciente.  Tampoco, en la escuela, ni en la crianza, se nos habló de que era natural expresar nuestros sentimientos, por el contrario, eso no estaba bien visto.

Una de mis amigas, me contaba por ejemplo, que ya desde niña, no se sentía escuchada por sus padres.  Cuando llegaba del colegio, su madre estaba ocupada trabajando con la persona que colaboraba en los oficios del hogar, limpiando, y más preocupada por el orden que por dialogar con su hija, ‘’no había mucho tiempo para ponerle cuidado a niño, así que lo primero que me preguntaba cuando llegaba es como te fue en el colegio, almuerza y has las tareas. Tienes que sacar buenas notas’’. La palabra escuchar como lo dice mi amiga, muy simpática, que lleva 18 años por delante y de la cual aprendo mucho.  ‘’ el verbo escuchar y su conjugación brillaba por su ausencia.   A mis padres solo les interesaba que sacará buenas notas, pero de mi mundo interior, de preguntarme como me sentía poco’’.

Hoy, en tiempos contemporáneos, sucede lo mismo.  Poco escuchamos y seguimos embotellando nuestras emociones, en el día a día de nuestra experiencia emocional, todo nos indica que seamos positivos, así estemos atravesando por una situación compleja emocionalmente.  Mostrar nuestras emociones, nos pone en un punto de fragilidad o vulnerabilidad, al menos esa es la creencia.  Es como si mostrará un factor de debilidad y por ende  se restará valor.

Todas las experiencias de nuestra niñez se expresan en la vida adulta, sin embargo, todos traemos una mochila en donde hemos guardado algunas experiencias que nos duelen, porque se piensa que al ignorarlas, se pueden superar.

Emociones controladas

Es verdad, que en algún momento de la vida, podemos haber experimentado dolor, o haber vociferado o dicho palabras duras a alguien, o causado daño a otro, por la abrupta reacción emocional que nos invade ciertas experiencias de la vida cotidianidad.

Es como si se actuará como un juguete de cuerda, golpeándonos una y otra vez, con la misma pared. Actuando con impulsividad. Sin pensar, solo actuando de acuerdo con nuestra reacción emocional, como la ira y luego, se presenta el arrepentimiento.   Algunas personas interpretan que inteligencia emocional, significa controlar las emociones.   pero en realidad, no se trata de controlar las emociones sino de aprender a convivir con ellas.

Por ejemplo,  alguna persona se dice a sí mismo, no me gusta mi trabajo, pero  evitar reconocerlo, porque luego busca las razones por las cuales debe estar agradecido por ese trabajo así no se sienta feliz allí, así que está embotellando sus emociones.

Según los expertos en psicología, esto se llama el secuestro emocional, que resulta ser bastante contraproduccente.  La gente se enfrenta a dificultades en su vida, pero en lugar de reaccionar o identificar sus emociones, las aparta, le huye a las emociones, y ni siquiera tiene mucha consciencia de su relación consigo mismo, de la inteligencia intrapersonal.  Optan por racionalizar sus emociones.

Agilidad emocional

A veces, cuando estamos en el entorno laboral, tendemos a guardar las apariencias y buscamos reprimir lo que estamos sintiendo. Queremos estar bajo control en toda circunstancia, sin embargo, nuestras emociones son un sistema de señales que debemos aprender a entender y manejar. Son la forma que tenemos para dialogar con nosotros mismos y si queremos comunicarnos con los demás, primero tenemos que hacerlo en primera persona.

Estudios de expertos de la Universidad de Harvard, revelan que los seres humanos debemos entrenar nuestra agilidad emocional, que es la capacidad para obtener información cuando enfrentamos situaciones en las que emergen sensaciones y sentimientos que nos lleven a tomar buenas decisiones.

La función esencial de las emociones es darnos señales, en vez de reprimirlas, debemos aprender a interpretarlas. En ocasiones, tratamos de justificar el estrés porque tenemos un ciclo interminable de trabajo, cuando en realidad estamos tristes por el poco reconocimiento de nuestra labor, estamos desilusionados ante las perspectivas que tenemos de crecimiento o estamos llevando al cuerpo a un estado de agotamiento que se manifiesta en una angustia permanente. Cuando reconocemos las señales y aceptamos el mensaje, nos podemos hacer cargo del origen de la emoción y poner manos a la obra.

Si atendemos nuestras emociones en vez de evadirlas o reprimirlas, daremos paso a posibles soluciones. Tal vez, solicitaremos ayuda o dejaremos de aceptar tantas tareas o encontraremos una forma constructiva de que nuestro trabajo sea reconocido. Pero, si apretamos los dientes, suspiramos y sonreímos, lo único que estaremos haciendo perder la oportunidad de resolver aquello que nos molesta y conseguiremos seguir atrapados en lo que genera ese estado emocional. Al examinar cómo nos sentimos, aprendemos algo de nosotros y estas lecciones son muy valiosas.

Las emociones nos iluminan, son una especie de brújula que nos guía. Es por ello, que a partir de reconocer nuestras manifestaciones emocionales comprendemos qué es lo más importante para nosotros y por medio de ellas, podemos descubrir lo que nos hace felices y lo que nos aleja de la alegría.  Así las cosas, las emociones son esenciales para la vida y por ello, es clave aprender sobre la agilidad emocional o la gerencia de las emociones, aprendiendo a reconocerlas, conversando con ellas, y viendo la oportunidad de aprender en cada instante, gracias a las emociones-

Pregunta del coach: giovannafuentes@yahoo.com

¿Qué emociones te acompañan durante el día a día?

¿qué has aprendido de tus emociones?

 

 

 

 

 

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