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Una de las mayores inquietudes que he recibido a raíz de este blog corresponde a la  importancia del análisis técnico de las acciones.

 

Burton Malkiel ofrece su punto de vista en su libro “A Random Walk Down Wall Street.” Después de nueve ediciones ha vendido más de un millón de ejemplares y figura en todas las listas de los más recomendados en su campo.

 

Me comentaba el director del programa de finanzas de una afamada Universidad local que le pareció superficial y anecdótico, sin importancia académica.

 

David Swensen, administrador del fondo de la Universidad de Yale desde mediados de los años ochenta, tiene una posición diferente. Cuenta que se lo recomendó su director de tesis de doctorado (James Tobin, premio Nóbel en economía) al ofrecer “una base sólida para la investigación académica sobre el funcionamiento real de los mercados”

 

El caso es que el libro desmitifica el tema de las finanzas personales, despierta un sano escepticismo con respecto a la oferta de productos y servicios financieros y enfatiza la importancia del concepto de simplicidad, imprescindible para el éxito de cualquier plan financiero.

 

A continuación reproduzco una entrevista virtual con el profesor Malkiel que escribí para Portafolio a comienzos de 2007 (evidentemente la entrevista nunca existió, pero las respuestas son tomadas del libro.) Curiosamente encontré la nota pirateada hace un tiempo en algún portal de internet. Aplazamos hasta la próxima entrega las respuestas al blog sobre “diversificación y correlaciones.” 

 

Profesor Malkiel, ¿podría hablarnos de su vida profesional?

He sido profesor en Princeton desde 1964, director del comité de inversiones de una empresa de seguros con activos superiores a $800.000 millones de dólares, miembro de varias juntas directivas (entre ellas la mayor empresa de inversiones de mi país con cerca de mil millones de dólares) y tengo que admitirlo, soy millonario gracias a mis inversiones personales (a pesar de ser académico) 

  

¿Nos puede aclarar el título del libro?

El rumbo de un “paseo aleatorio” no puede predecirse utilizando información histórica. Es lo que sucede con el movimiento de los precios de las acciones en un mercado eficiente. La expresión ha sido catalogada como obscena por profesionales de Wall Street, ya que llevada al extremo significa que micos vendados lanzando dardos podrían superarlos en la construcción de portafolios.

 

¿Qué métodos existen para predecir los precios de las acciones?

La búsqueda de esta gallina de los huevos de oro ha originado métodos que van desde lo científico hasta lo oculto, incluyendo manchas solares, fases de la luna, vibraciones sísmicas. Los tradicionales son análisis técnico y análisis fundamental.

 

¿En qué consiste el análisis técnico?

Trata de predecir los precios mediante gráficas, de acuerdo con movimientos históricos y volumen de transacciones. La idea es que al establecer patrones, se puede predecir el futuro. Lo relevante es la tendencia de los precios, no las utilidades, dividendos, crecimiento, tasas de interés, ni perspectivas económicas. Sus practicantes flirtean con las acciones como si se tratara de una conquista amorosa.

 

¿Qué opinión le merecen los analistas técnicos?

Su común denominador son huecos en las suelas de sus zapatos y cuellos marcadamente desgastados. Imposible encontrar un registro de analistas técnicos exitosos, pero sí de la lamentable situación financiera en que muchos terminan. La única equivocación que suelen aceptar es no haber puesto suficiente atención al mensaje de sus gráficos. Me atraganté durante un almuerzo cuando uno de ellos aludió de nuevo a este hecho; opté por no aceptar más sus invitaciones por los problemas digestivos que ello implica. Ocasionalmente obtienen resultados; el problema es que no son consistentes ni superan una simple estrategia tan sencilla como comprar y mantener. Definitivamente flotan en sueños de castillos en el aire.

 

¿Puede ampliar esta idea?

John M. Keynes ya la había formulado en 1936: encontraba mucho más productivo estudiar el comportamiento de los inversionistas (al observar como en períodos de optimismo construyen este tipo de esperanzas) que tratar de establecer valores intrínsecos. Mientras sus colegas trabajaban horas enteras, jugaba a la bolsa durante media hora diaria desde su lecho, obteniendo de paso importantes ganancias para él y para el fondo universitario a su cargo. Opinaba que es imposible conocer a ciencia cierta los factores que habrán de incidir sobre las utilidades y los dividendos. Justifica la compra de una acción siempre y cuando pueda venderse pronto a un precio más alto. Afortunadamente siempre aparece otro idiota dispuesto a pagarlo.

 

¿En qué consiste el análisis fundamental?

A diferencia del anterior, reposa en bases firmes. La idea es que las acciones tienen un valor intrínseco, susceptible de ser determinado previo cuidadoso análisis de sus condiciones presentes y perspectivas futuras. Si el precio del mercado resulta inferior, se presenta una buena oportunidad. Bajo estos parámetros, se podría pensar que invertir se reduce a una comparación monótona entre precios de mercado y valores intrínsicos.

 

¿Qué determina el valor intrínseco y cuáles son los “parámetros fundamentales”?

Tasa esperada de crecimiento, dividendo esperado, nivel de riesgo y nivel de tasas de interés. A mayor crecimiento de utilidades y dividendos, y a menores niveles de riesgo y tasas de interés, mayor el valor intrínseco de una acción. Al menos es una metodología racional. 

 

¿Qué opinión le merece el análisis fundamental?

El problema es que entra en el terreno resbaloso de las proyecciones. No solo debe estimarse la tasa de crecimiento sino también el período durante el cual éste se va a prolongar. Establecer valores intrínsecos resulta mucho menos confiable de lo que podría suponerse. Aunque muchos en Wall Street aseguran que pueden adivinar el futuro, en realidad son tan falibles como cualquiera de nosotros. Es difícil hacer pronósticos, especialmente cuando hacen alusión al futuro.

 

Además manipulan las cifras; si un período les resulta insuficiente para obtener el resultado deseado, pueden prolongarlo o aumentar la tasa de su crecimiento. Una vez obtenido, el analista se jacta de haber obtenido información “precisa.” (aunque el valor se determina a discreción de quien calcula) En este sentido es intrínsicamente imposible calcular el valor intrínseco de una acción; es apenas un estimativo bastante crudo, susceptible de ser utilizado para auto convencerse del pago de un precio u otro. Mi Dios todopoderoso desconoce el valor correcto de la relación precio/ganancias de una acción.

 

¿Por qué hace esta aseveración?

Solicitamos proyecciones de cinco años a 19 firmas de gran trayectoria. Sus estimativos no superaron los obtenidos mediante sencillas extrapolaciones o modelos muy primitivos. Al conocer el resultado, coincidieron que 5 años era demasiado tiempo para elaborar proyecciones confiables. Pero resultaron peores las de un año, en las cuales ninguno obtuvo resultados consistentemente mejores. Comparada con las proyecciones financieras, la astrología es una ciencia muy respetable.

 

¿Su conclusión?

Se alega que las caídas de 1987 y 2002 prueban la inviabilidad de los mercados eficientes. El WSJ catalogó la teoría como el mayor error en la historia económica; académicos como Robert Shiller insisten en que los precios son demasiado volátiles para que ella los pueda explicar. Ahora el dogma académico es que los precios pueden predecirse parcialmente, pero mi opinión es que los obituarios al paseo aleatorio son exagerados y se está sobre dimensionando la posibilidad de predecir el rumbo del mercado.

 

Comprar y mantener fondos indexados de amplio espectro es la apuesta más segura. Aunque el mercado no siempre es racional a corto plazo, sí lo es en períodos prolongados. El hecho que ninguna persona ni técnica alguna pueda predecir consistentemente el futuro confirma lo correcto del enfoque. El mercado es eficiente aún si ocasionalmente comete graves errores y si muchos participantes son definitivamente irracionales; es un instrumento asombroso que refleja en forma rápida toda información nueva. No concede utilidades superiores a menos que se tomen mayores riesgos, no hay billetes regados en el piso a la espera de ser recogidos. Aunque en ocasiones ofrece oportunidades, éstas desaparecen tan pronto son identificadas.

 

Quizás reemplazaría la idea de los dardos por la de una gran sabana que incluya todos los precios. La idea es recalcar la importancia de invertir en índices generales. Quienes disparan a mansalva a la teoría de mercados eficientes inevitablemente fallan porque ella sí es bastante efectiva en evadir sus flechas y sus dardos.

 

Harry Adler

hadler@stanfordalumni.org

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