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hadler@stanfordalumni.org

Esta nota fue publicada en Portafolio en septiembre 28 del 2010.

Nos están bombardeando de nuevo con noticias lúgubres con respecto a las dificultades que afronta nuestro sistema de pensiones. Seguro que no será la última.

Es un lugar común por todas partes del mundo. Ahí están para el recuerdo las protestas en Grecia, España y varios otros países, ante inminentes recortes en los beneficios. No hace mucho salió en “The Economist” un reportaje sobre el caso de Inglaterra. Basta observar el lenguaje utilizado en los comentarios de los lectores para entender el malestar que causa el fenómeno.

Recuerdo un video de hace algunos años en la cadena CBS sobre los profesionales rusos pensionados, pasando las noches de invierno en la calle, eso sí, con sus respectivas botellas de vodka en la mano.

Cada vez menos aportantes respondiendo por un mayor número de jubilados, y una creciente longevidad, no son problemas de poca monta para quienes van a depender durante treinta o cuarenta años de la viabilidad de un sistema en el cual tienen muy poca injerencia.

Cuando constató unos años atrás la imposibilidad de que la empresa privada siguiera asumiendo ese gasto –que ponía en peligro su supervivencia misma- el gobierno norteamericano facilitó congelar de una vez por todas las antiguas obligaciones pensionales.

Como una primera opción, concedieron a cada individuo la facultad de manejar su propio plan de retiro. Implica un pequeño esfuerzo en educación, pero resuelve el problema de conflictos de interés, y se reducen enormemente los costos. Paralelamente se permitió delegar el manejo a terceros, siempre y cuando los costos sean muy bajos, se garantice responsabilidad fiduciaria, y se ofrezca amplia información sobre quien va a administrar los recursos, su historial, y su filosofía de inversión.

La clave para el éxito de un plan de retiro radica en una adecuada diversificación y unos costos de intermediación transparentes y muy bajos. No es en este último aspecto en que se destaca particularmente el sistema colombiano: ¿pagamos al fin un 3%, o es más cercano al 4%? Agradecería infinitamente si alguien pudiese aclarármelo. Al fin y al cabo, hace mucho tiempo los académicos demostraron que, en estas lides, los costos son el elemento con mayor poder de predicción sobre los rendimientos futuros.

Para tener un marco de referencia, el plan de retiro de los congresistas de los Estados Unidos tiene un costo de 0.05% al año, según un informe de la revista “Money.” No es un subsidio, ni privilegio alguno. Sencillamente tomaron conciencia de una de las enseñanzas de los financistas especializados en comportamiento: a mayor simplicidad, y a menores costos, más alta la probabilidad de éxito.

Miembros de esta escuela fueron quienes tuvieron a cargo la implementación del sistema, que concluyó cuando el presidente Bush firmó lo que fue bautizado como “Acta de Protección a las Pensiones” en agosto de 2006. Desde hace más de 30 años, bajo la batuta de Richard Thaler de la Universidad de Chicago, se tomaron el mundo académico en el área de finanzas. En Suecia, por ejemplo, ya habían solicitado su ayuda con ese propósito; se le reconoce además su participación en la integración de los estudios en el área de psicología del premio Nóbel en Economía, Daniel Kahneman, a la ciencia económica.

Dado que en Colombia también se concluyó hace un tiempo que las empresas no podían seguir aumentando sus pasivos pensionales, y como el gobierno tampoco demostró ser particularmente efectivo en ese manejo, se delegó la responsabilidad al sector financiero

Desconozco profundamente la posición y el aporte de nuestra academia al problema. O no publican sus estudios, o si lo hacen, deben circular en medios muy restringidos, a diferencia de lo que sucede en otros países ¿O será más bien que el tema no les parece suficientemente importante, asumiendo los profesores personalmente el riesgo de tener algún día que salir también a protestar en la calle?

Si para vivir dignamente mis años de retiro me ofreciesen las opciones de depender de la empresa para la cual trabajo, del gobierno, del sistema financiero, o de mí mismo, no vacilaría un segundo en optar por la última. Y en ese aspecto tengo grandes reparos contra nuestra academia, que no quiere percatarse de lo que se viene haciendo en los países desarrollados.

Se lee poco, o más bien nada, sobre la viabilidad a largo plazo del sistema que se ha adoptado en Colombia. Las entidades financieras están recibiendo una enorme cantidad de recursos con comisiones muy “interesantes”, adjetivo de moda entre los llamados “expertos.” Pero a veces me pregunto si existe el riesgo de que algún día suceda algo similar a lo que ocurrió con la gigantesca empresa de seguros “AIG”, la cual, durante muchos años, y en plena burbuja, recibió alegremente cualquier cantidad de primas sobre seguros (“credit-default swaps”) contra el incumplimiento en el pago de los bonos. Disfrutó de las altas comisiones que el negocio genera, sin percatarse del monstruo que estaba creando. De no haber sido rescatada, se hubiera llevado por delante todo el sistema financiero del globo.

Por mi parte, en la universidad nunca me brindaron la oportunidad de educarme en el tema apasionante de las finanzas personales, que involucra finanzas, psicología, economía, monedas, geografía, historia sociología…. Por lo que he podido constatar, tampoco a los jóvenes profesionales de hoy. ¡Y buena falta que les va a hacer en los países desarrollados, donde con frecuencia van a parar en su vida laboral!

Dos últimos pensamientos. Primero, los profesionales independientes no pueden ni por un segundo ignorar o diferir el problema. Segundo, como por lo visto vamos a depender por muchos años de los planes obligatorios -los fondos generacionales son apenas el primer paso en la dirección correcta- vale la pena educarse, con miras a lograr, por lo menos, el manejo individual en lo que respecta al ahorro voluntario.

Quienes hoy se eduquen, seguramente mañana marcarán un mejor derrotero para el sistema pensional colombiano.

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